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diumenge, 12 de febrer del 2012

MONEYBALL (Moneyball: Rompiendo las reglas)


Billy Beane (Brad Pitt) es el gerente general del equipo de béisbol Atléticos de Oakland. Tras perder por enésima temporada consecutiva, ver que el presupuesto cada vez es más bajo y que las estrellas del equipo fichan por otros equipos, Billy decide partir de cero. Con la ayuda del economista Peter Brand (Jonah Hill), Bill creará el método “moneyball” que se basa en construir un equipo competitivo con recursos inferiores a grandes equipos, utilizando métodos estadísticos que permiten fichar a los jugadores más oportunos (aunque raros, lesionados o viejos) para cada puesto.


Aburrida, aburrida, aburrida. Es mi humilde opinión, que quede claro. Será porqué el tema del béisbol ya no llama demasiado la atención de buenas a primeras; será porqué es una película lenta de narices; será porqué todo tiene ese tinte triste y gris… No sé, pero yo des del minuto 10 de película ya contaba los minutos que faltaban para que acabara. 

Parece como si hubiera tres películas en una. Tenemos tres historias que deberían formar una de sola y no lo consiguen. Hay la trama del béisbol en sí, tenemos los flashbacks del protagonista y tenemos la trama del protagonista con la hija. Todo esto debería dar un conjunto homogéneo, que cada una de la tramas se enlazara y nos ayudara a entender mejor la historia, o a entender mejor el personaje, pero no, no lo hace. Los flashbacks no aportan nada significativo y la hija, pobrecilla mía, si no apareciera no pasaría nada, es una historia totalmente de bulto (y no estoy diciendo que la niña sea un bulto). Parece como si necesitaran “chicha” para acabar de llenar los minutos de metraje y no supieran muy bien como hacerlo.

Leí por ahí, que Brad Pitt “nos regala una interpretación brillante”. ¿El que ha escrito eso ha visto la misma película que yo? Brad Pitt en ésta película no hace nada más que estar enfadado todo el rato y romper cosas sin parar. Bueno si, también nos “regala” un gran repertorio de caras de tristeza e infelicidad. Es todo él tan sombrío que apaga a los que le acompañan. Philip Seymour Hoffman pasa casi desapercibido y Jonah Hill, aquí tan distante de las comedias gamberras a las que nos tiene acostumbrados, no brilla cuando podía haberlo hecho. Parecen todos recién salidos de un funeral.

Al ver esas largas escenas de Pitt sin decir ni mu, con la cámara enfocando su cara (de pena), me recuerda a George Clooney en “Los Descendientes” y no porqué se asemeje en nada, sino todo lo contrario. Clooney consigue llegar, consigue transmitir algo con la cara, con la mirada. Podría estar 10 minutos mirando fijamente a cámara y contarte un millón de cosas sin decir nada; Pitt lo que hace es ponerse delante la cámara y hacer muecas con la cara, que si, representa que son de pena, y cerrar un poco los ojos como si pensara muy muy fuerte. No tengo nada en contra de Pitt, creo que es un gran actor, pero éste papel no le va. En esta película no.

Imaginaos como estaba el tema, que uno de los mejores momentos de la película, fue cuando me di cuenta que Chris Pratt (Andy en Parks And Recreation) estaba ahí! Y además haciendo un papel que nada tiene que ver con el loco de Andy.
  
Es una de esas películas que hacen preguntarme “¿de verdad está nominada al Oscar?” mejor aún “¿de verdad Brad Pitt está nominado por esta película?”  Mi no entender…

“It’s unbelievable how much you don’t know about the game you’re been playing all your life”


dijous, 26 de gener del 2012

LOS DESCENDIENTES


Matt King (George Clooney) es un hombre casado y con dos hijas. Su exceso de implicación en el trabajo, provoca que la relación con su mujer y sus hijas sea cada vez más fría y distante, hasta que su mujer sufre un accidente y Matt se ve obligado a coger las riendas de ésta nueva vida y a plantearse seriamente el futuro.


Un conmovedor drama con matices cómicos que da como resultado una película brillante. Aunque algunas veces puede parecer lenta, como si no acabara de arrancar, Los Descendientes nos regala una historia muy bien contada, llena de sentimientos y grandes interpretaciones. 

Precisamente este tiempo que se toma el director Alexander Payne para contarnos la historia, es el tiempo necesario. Nos cuenta la historia sin prisa, deteniéndose en cada pequeño pero importante detalle. Muchas veces, no hace falta decir nada y eso nos ayuda a entender mucho mejor como viven y qué sienten los personajes.

La película es un no parar de escenas magistrales de Clooney que sin decir una sola palabra, nos lo dice todo. Su cara, sus ojos sobretodo, nos cuentan mucho, muchísimo (la escena en la que el médico le da el último parte médico es fantástica). A su altura está también el resto de actores, destacando las dos hijas que actúan con una naturalidad deslumbrante. 

Al fin y al cabo, la película intenta decir-nos que la vida, a veces, es muy dura. Y aunque vivamos un drama a diario, siempre tenemos que intentar encajar los golpes que nos da la vida con humor y intentar proteger lo que más queremos. Al mismo tiempo, la película hace hincapié en las relaciones tanto de familia como de amigos, que muchas veces no son lo que parecen. Todos tenemos secretos, y muchas veces no conocemos tan bien como creemos a las personas más cercanas.

«¿Paraíso? El paraíso puede irse a la mierda» Matt King